Carta a su conciencia


Tal vez digas que estoy enfermo, que hago lo incorrecto
Por sentir en mi corazón lo que no debería sentir
Y por tener en mi cabeza distintos pensamientos.

Tal vez pienses que no soy normal, que soy molesto.
Que no soy lo que los demás pretenden que sea
Y que rechazo sus palabras para luchar por lo que deseo.

Tal vez pienses que soy lunático e irreflexivo,
Por quedarme noches enteras añorando aquello que me quitaron
Y por desear una libertad que injustamente me han negado.

Pero esta historia no es de locura blasfemante.
No es un capricho infundado ni una pasión maldiciente.
No es un sentimiento hueco, ni palabra vana e irreverente.

Es simplemente un amor diferente; un amor condenado.
Es un amor escondido, afónico y reservado.
Es un amor que no se atreve a decir su nombre.

¿Crees entonces que deba dejar de luchar? No lo haré. No puedo.

No fui lo que todos esperaron que fuera y no fui lo que todos querían de mí.
Pero, aunque nadie me dio la opción de elegir no guardo pesar. No tengo pena.
Porque no me arrepiento de lo que soy ni del destino que me fue otorgado.

Y si te duele que reprochen lo que siento, no los escuches.
No hagas caso de lo que griten de mí, porque ya no pueden herirme.
Ya no pueden alterar lo que soy y no pueden cambiar lo que siento.

Y si crees que es una pérdida luchar por lo que amo; siempre lucharé.
Pues esto me ayudó a aprender y me hizo crecer.
Me hizo grande y me hizo fuerte. Me hizo diferente y me hizo audaz.

Hizo todo lo mejor de mí: la persona que soy y los ideales en los que creo.
Porque mis virtudes no ha quitado; mis dones ha exaltado.
Y aunque quieran hacerme caer una y otra vez, siempre seré valiente.

Siempre voy a levantarme cuando me hagan caer.